lunes, 1 de septiembre de 2014

La República


La República

Al hablar de las Repúblicas en España rápidamente pensamos en la Primera, de 1873, y en la Segunda, de 1931. Sin embargo hoy vamos a hablar de otra República, de la República de Córdoba que se instituyó en el año 422 de la Hégira, correspondiente al 1031 de la Era Cristiana. Éstos son los hechos:

Los años en el poder de Almanzor  llevaron aparejada la anulación de la familia Omeya y de la aristocracia árabe, que como es comprensible no aceptaban la dictadura de dicho personaje y que, dicho sea de paso, sí fue muy bien aceptaba por la ciudadanía. Ya sabemos eso de “pan y circo” lo bien que cae al pueblo. Situación que acabó en la fitna o guerra civil como hemos citado en varias ocasiones.
Una de las familias más ilustres que quedó en la provincia  fue la de los Banu Yahwar, cuyo miembro más importante era Abu -l-Hazm Yahwar.

Terminada la Guerra Civil en el año 414 H, Yahwar escribió a los Gobernadores para que designasen algún descendiente Omeya que pudiese ocupar el trono y devolverle su antiguo esplendor. Se propuso a Hixén III, bisnieto de Abderraman III, que había estado en Alpuente protegido por los Banu Kaçim. Entró en Córdoba en el 420 H.
Una conspiración acabó con el asesinato del Primer Ministro Abu-l-Assim Al-Hakem dos años más tarde, y con la huída de Hixén a Lérida, donde muere en el 428 H.
Hixén III recurrió a su salida de Córdoba a Abu -l-Hazm Yahwar, al que confió el poder supremo.
Los vecinos de Córdoba eligieron un Consejo de Estado el cual proclamó jefe del poder ejecutivo a Yahwar. En un primer momento no aceptó y, movido por los ruegos de todos, aceptó con el derecho a aconsejarse de otros dos ciudadanos relevantes. Concretamente creó un consejo de estado de ministros y jueces, con el cual consultaba antes de tomar cualquier decisión política.
Quedó así constituida la República con Yahwar como Presidente

Gobernó con justicia, sabiduría y destreza; arrojó del territorio a los bereberes acabando así los desmanes, creó una Guardia Nacional y arregló la administración. No habitó el Palacio Real y siguió viviendo en su casa particular, y no se enriqueció a costa del pueblo.
Reconoció, en fin, la supremacía religiosa de los Idrisíes malagueños, que conllevaba a Abdallah como imán.




Fracción de dirham
Abu-l-Walid Muhammad al-Rasid ben Yawar (435-456 H)

Anverso:
No Dios sino / Allah. Mahoma / Enviado de Dios
Reverso:
El Iman / Abdallah / Príncipe de los creyentes


Murió Yahwar en el 435 H sucediéndole su hijo Abu-l-Walid Muhammad al-Rasid ben Yahwar que obtuvo el poder por delegación de la asamblea de nobles cordobeses, pero tomó el título de al-Rasid con lo que se apuntaba así una nueva dinastía reinante.
Como característica de su mandato está el asilo ofrecido a gobernantes de las Taifas de Niebla, Huelva o Algeciras cuando fueron destronados, o la mediación que realizó entre las Taifas de Sevilla y Badajoz.
Hizo abdicación de la Presidencia en sus hijos Abd-er-Rahman y Abd-al-Malik en el  456 H. Rápidamente el segundo se deshizo del primero quedando en el cargo de Presidente del Consejo de Córdoba, y obligando al-Rasid al pueblo a reconocer al heredero.
Quedaba a la vista la supresión progresiva de las instituciones republicanas.

Terminó la República cuando Yahya Al-Mamun de Toledo cercó Córdoba en el 460 H, lo que obligó a Abd-al-Malik a pedir auxilio a Al-Mutadid de Sevilla. La ocupación toledana de Córdoba duró hasta que Muhammad ibn Abbad al-Mutamid sucedió a su padre como emir de Sevilla. Al-Mutamid derrotó al ejército toledano, pero en lugar de liberar Córdoba la capturó y la anexionó a la Taifa de Sevilla en el 462 H.
Vaya, echaron a los toledanos pero se quedaron los sevillanos.
Quedaban así en evidencia los enemigos de Córdoba. Toledo lo había sido desde el inicio de la dominación musulmana, y Sevilla lo comenzaba ahora.
La familia Yahwar fue conducida a Gezirat Saltis, en las Marismas del Odiel, en Huelva.
Los Banu Yahwar no ejercieron soberanía por lo que su nombre no aparece en las monedas; y si aparece no lo será como Imán ni Emir.
Está visto que las Repúblicas no han terminado bien en España. Por lo menos hasta ahora.