sábado, 2 de julio de 2011

Un año de buena cosecha

En el año 1622 se produce la canonización de Santa Teresa de Jesús, San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola por el entonces Papa Gregorio XV


Felipe IV, VIII maravedíes de la ceca de Valladolid. 1622

Orgullosas se tienen que sentir Ávila, Javier y Loyola de que Teresa, Francisco e Ignacio lleven sus nombres como apellidos. Son sus más ilustres hijos.

¿Qué decir de Teresa de Jesús? ¿… de la Doctora de la Iglesia?. Pues me limito a copiar una de sus poesías:


Véante mis ojos, dulce Jesús bueno
Véante mis ojos, muérame yo luego.

Vea quien quisiere rosas y jazmines
Que si yo te viere, veré mil jardines.
Flor de serafines, Jesús Nazareno,
Véante mis ojos, muérame yo luego.


No quiero contento, mi Jesús ausente,
Que todo es tormento a quien esto siente.
Sólo me sustente tu amor y deseo,
Véante mis ojos, muérame yo luego.


Ven, Dueño querido, Rey de mis amores,
Que ya han florecido del huerto las flores.
Ya de mil colores guirnaldas ha hecho,
Véante mis ojos, muérame yo luego.


San Francisco Javier es el patrón de las Misiones. Me estoy refiriendo a los misioneros católicos del mundo, esos hombres y mujeres que dedican su vida a la propagación de la fe, a los más pobres del mundo, y que cuando hay un conflicto bélico son los únicos que se quedan acompañando a la población.
San Francisco Javier desarrolló s actividad misionera en países asiáticos. Sus viajes se pueden apreciar en el mapa adjunto:



Por último a San Ignacio de Loyola se le conoce como fundador de la Compañía de Jesús, que no es ni más ni menos que la mayor orden religiosa masculina católica hoy en día.
Como resumen de sus actividades, decir que se calculan en 3 millones el número de alumnos que se forman en instituciones de la Compañía de Jesús en el mundo.
La obra de San Ignacio de Loyola ha sobrevivido a su expulsión de numerosos países, a su anulación, a persecuciones…. Por algo será.
El lema de la Compañía es: Ad Maiorem Dei Gloriam (A mayor gloria de Dios). Ahí está todo dicho.
Se cuenta que en su lecho de muerte fue preguntado si quería decir algo a sus hermanos. Su respuesta fue: “Que no nos falte la persecución”

¡¡Qué bien conocía camino correcto!!

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