martes, 8 de febrero de 2011

El caos en estado puro

El avance de las tropas de Franco dejó aislados los Consejos Regionales del norte y a Menorca que, al no recibir moneda de Madrid o Castellón, decidieron acuñarla por su cuenta bien a su nombre o al de la República. Tal es el caso del Consejo de Asturias y León, que echó mano a fábricas de Gijón y Guernica para la acuñación, o del Consejo de Santander, Palencia y Burgos que recurrió a las fundiciones de Bilbao.

El día 8 de febrero de 1937 se levantó acta de constitución del Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos, verdadero órgano de autogobierno regional, presidido por el delegado de gobierno, Juan Ruiz Olazarán





Peseta y 50 céntimos del Consejo de Santander, Palencia y Burgos

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2 pesetas y peseta del Consejo de Asturias y León




El Consejo de Asturias y León se declaró en Gijón el 25 de agosto de 1937 también bajo el trasfondo de la Guerra Civil Española.
Es muy interesante el artículo 1º del mismo, pues es una declaración de soberanía:

Artículo 1º.– El Consejo Interprovincial de Asturias y León, a partir de la fecha y hora de este Decreto, se constituye en Consejo Soberano de gobierno de todo el territorio de su jurisdicción y a él quedan íntegramente sometidas todas las jurisdicciones y organismos civiles y militares que funcionan y funcionen en lo sucesivo dentro del referido territorio.

Y no es menos clarificador el discurso pronunciado con este motivo por Belarmino Tomás (PSOE), presidente del ahora Consejo Soberano, donde se hizo un duro llamamiento a la disciplina como base indispensable para la victoria, y a él pertenecen estas palabras:
«Ni en la trinchera ni en la ciudad, ni en el taller ni en el campo, ni en el hogar ni en la calle, toleraremos la más leve actitud divergente ni la más leve palabra disconforme. No habrá siquiera petición que consideremos respetuosa. Nadie tiene que pedir nada. Nadie tiene sino obedecer y callar.»

En Menorca, donde tampoco triunfó el levantamiento, se acuñó a nombre de la República.






25 céntimos de los Consejos Municipales de Menorca

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Pero por otra parte la República contaba también con dos Autonomías, la catalana desde 1932 y la vasca desde 1936 que se unen al desconcierto. Éstas no tenían necesidad como los Consejos Regionales pero tenían que satisfacer su “ego”.

Sólo a los dos meses del inicio de la Guerra Civil, en septiembre del 36, ante la pasividad del Gobierno republicano, la Generalidad de Cataluña, fabricó billetes ya iniciada la contienda y garantizados por “el estoc de oro y por el tesoro procedente de las apropiaciones a consecuencia del movimiento insurreccional” (Decreto 21 diciembre 36). Está claro lo de la procedencia ¿no?




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2 pesetas del Goierno de Euzcadi


En las entonces llamadas provincias vascongadas circularon monedas propias en 1937 como titular Gobierno de Euzkadi, antes de que Bilbao fuera tomada por las tropas de Franco en junio. Es curioso que estén acuñadas en Bélgica a pesar del desarrollo metalúrgico de la región. Y sí que se dieron prisa pues había pasado un solo año de la declaración de la autonomía y ya se habían acuñado 13 millones de monedas.

La recogida de la plata citada en el artículo anterior tuvo un resultado contrario al esperado pues todo el mundo la guardó en lugar de entregarla y cambiarla por los “Certificados de Plata”. Como consecuencia de ello se produjo una evidente necesidad de numerario que obligó a entidades menores a hacer emisiones que la contrarrestasen: Ayuntamientos, sindicatos, cooperativas, fábricas.....y hasta el más humilde establecimiento pusieron en circulación monedas, billetes o vales. Esto ocurrió sobre todo en la zona republicana pero se contagió a la nacional. En la foto os presento como ejemplo dos emisiones, una de cada bando.

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10 céntimos de Cazalla de la Sierra (Zona Nacional)

1 peseta de Segarra de Gaiá (Zona Republicana)


Fue prohibida la circulación de este dinero paralelo por el Gobierno de la República por el Decreto de 6 de enero de 1938, disposición que fue ratificada en Decretos sucesivos, lo que viene a indicar que no se consiguió eliminar totalmente su circulación y uso.

El caos llegó a su cénit con la utilización por la República de unos discos de cartón de color marrón con un timbre móvil o un sello de correos pegados; en el reverso siempre el escudo de la República. Era la llamada moneda de necesidad. En 1938 el frente de la guerra estaba cercano a Castellón por lo que la fábrica se trasladó hacia el sur, a la ciudad alicantina de Aspe donde se fabricó el cartón-moneda (Decreto 24 febrero 38). Su circulación se limitó al final de la guerra en la Zona Republicana.





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Cartón moneda


El desprestigio de la moneda española no podía llegar más lejos.


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domingo, 6 de febrero de 2011

Comienza el caos


La Zona Roja


La Segunda República acuña la última de nuestras pesetas de plata en el año 1933, pero fue por motivos propagandísticos como dijimos en su momento, pues retirará el numerario argénteo primero para confiscarlo sin miramientos después.
El posterior inicio de la Guerra Civil agravará la situación que, como cabía esperar, no pudo ser más desastrosa, llegándose a situaciones de emergencia. Bien es cierto que comparar la calamitosa situación económica y como consecuencia monetaria con el gran drama nacional sería paradójico.

Se dan dos circunstancias dependiendo de la zona. En la Republicana se sigue recogiendo la plata, que desaparece de la circulación, a la vez que se acuñan nuevas monedas. En la llamada Zona Nacional se siguen utilizando las anteriores (alfonsinas, etc) con la excepción de la acuñación de monedas de 25 céntimos. Del oro no hablemos; éste hacía tiempo ya que se evaporó.

Durante la guerra el Gobierno de la Zona Republicana hace una emisión metálica compuesta de 1 peseta, 50, 25 y 5 céntimos.


La peseta es una moneda de latón que el pueblo denominó “la rubia”.





Debe su apelativo a la presencia en su anverso de una mujer desmelenada de la que se dice que es rubia en una clara aproximación del color de la moneda al color de su pelo. También se la llamó “la peseta de Negrín”. El nombre de “rubia” pasará después a las pesetas de Franco y a las primeras de Juan Carlos.
Por primera vez en su historia las pesetas no eran de plata ya que, como todo el mundo sabe, las reservas de oro y plata del Banco de España fueron trasladadas y entregadas por orden del Ministro de Hacienda -el ya citado Juan Negrín- a la Unión Soviética a cambio de apoyo militar, y sin ningún tipo de garantías. ¡Claro, para eso se recogieron!
Aunque los troqueles se elaboraron en la FNMT de Madrid fueron acuñadas por el Gobierno de la República en Castellón pues a principios de 1937, ante el rápido avance del ejército de Franco que hizo se temiera la ocupación inmediata de Madrid, la República decidió trasladar su Gobierno a Levante y con él también la Fábrica de Moneda. La de billetes se montó en Valencia y la de monedas en Castellón.
De estas pesetas se dijo que eran “la perdición del hombre” ya que reunían en sus caras los tres requisitos para ello: el dinero, la mujer y el vino (hoy diríamos poder, sexo y droga).

Los 50 y los 25 céntimos son de cobre; los segundos con un agujero central.







Los 5 céntimos tienen como particularidad el haberse fabricado con hierro, caso único en nuestra historia además de que no se podía emplear un metal menos noble. No obstante deberían tener un buen tratamiento por el buen estado en que se encuentran.




También es significativo el gorro frigio que se introdujo pues hasta ahora las monedas de la República habían estado exentas de mensajes políticos.
En todas ellas aparecen signos de tipo republicano lógicamente, como son la mujer y la corona mural; o el citado gorro frigio copiado de la Revolución Francesa, a la vez que desaparecen los elementos relacionados con la monarquía.

Las nuevas monedas se fueron incorporando para su uso en las distintas localidades si en el momento de su puesta en circulación la localidad en concreto se encontraba en la Zona Republicana.

La situación económica de la Zona Roja y de los españoles que vivían en ella sufrió estas dos situaciones:
El dinero estaba garantizado por el depósito correspondiente. Pero al desplazarse el frente esos depósitos seguían la retirada de las tropas republicanas. Quiere esto decir que si te quedabas con los nacionales tu dinero quedaba sin valor. Si el dinero quería mantener su valor tenía que seguir estando en la Zona Roja, dicho de otra forma, los billetes que quedaban inutilizados en los territorios que iban siendo ocupados acudían a la Zona Roja donde sí valían, aumentando la cantidad de dinero en circulación con la subida de la inflacción.
Y al terminar la guerra los vencedores no reconocieron, como no podía ser de otra forma, la moneda republicana pues no tenía garantía. El oro había volado como ya hemos apuntado.


La Zona Nacional


Mientras tanto, en la Zona Nacional el gobierno de Franco consiguió abastecerse de moneda fraccionaria con la ayuda de Austria en plena guerra civil y distribuyó una moneda de 25 céntimos acuñada por la empresa Berndorfer Metallwerenfabrik en Viena en 1938 –aunque marca el 37- con el texto “II Año Triunfal” y el que sería el lema del régimen “Una, Grande y Libre”. Franco vuelve a utilizar así, como cinco siglos antes lo hicieran los Reyes Católicos, el yugo y las flechas que como sabemos simbolizaron la primera unificación de España.





Circularon hasta 1951.



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